creciendo

crece, crece tanto y tan deprisa que asusta perderse un solo segundo de su increible vida.

Paula empezó el cole (la guardería en realidad) hace 15 días, y las primeras mañanas fue terrible dejarla, lloraba, me miraba con su preciosa carita y me decía “aupi, mami pofavo, aupi” mientras me reclamaba echándome sus bracitos cuando la tenía que dejar,

mi niña se quedaba en brazos de alguna de sus maravillosas profesoras que meciéndola y dandola besitos y mimos conseguían que se fuera calmando,

no hace falta decir, y por supuesto no me averguenzo en absoluto, que en cuanto me daba la vuelta y ya no estaba a su vista la que lloraba desconsoladamente era yo, por la sensación de abandono, por no poder ser yo quien consolase a mi cachito…

afortunadamente, cuando voy a recogerla siempre me la encuentro jugando y contenta y sus profesoras me decían que el disgusto la duraba solo un ratito (a su mami le duraba bastante más),

y de golpe un día todo cambia, y cuando llegas al cole, asumientdo el mal rato que toca, tu niña ve a su profe que la saluda y la tiende la mano y ella se para y toda contenta te da un besillo y te dice “adiós mami” dándole la manita a su profe,

y ahí te quedas tú, feliz porque tu niña no solo ha asumido que tiene nuevas rutinas sino que además ha aprendido a disfrutar de ellas y triste porque te das cuenta que ha crecido de golpe otra vez y cada día queda un poquito más lejos mi pequeño bebé

la bolsita del cole de Paula

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